miércoles, 18 de julio de 2012

La encrucijada del Cauca

Los recientes enfrentamientos armados ocurridos en el Cauca han obligado a los colombianos a encarar una visión más realista de la guerra.

Las escenas que mostraron a grupos de insurgentes colocando retenes a menos de un kilómetro del área urbana de Toribío en donde el Presidente de la República se reunía a esa hora con los ministros y las autoridades locales, impactaron el ánimo de la mayoría de los colombianos.

La posterior noticia de la caída de un avión de la Fuerza Aérea que participaba en las operaciones agravó esa impresión y en muchos ciudadanos quedó la sensación de que en esa parte del país de no darse cambios significativos en la forma de conducir las acciones en materia social, política y militar, tendremos conflicto para rato.

Y es que el territorio del Cauca presenta unas singularidades históricas, geográficas, económicas y culturales. Por sus cordilleras han pasado numerosos ejércitos. Importantes contiendas de nuestras guerras civiles tuvieron esas tierras como escenario. Con una extensión de 29.308 km2, el Cauca se extiende sobre las regiones Andina y Pacífica. Gran parte de su población es indígena o afrocolombiana. Su economía es principalmente agropecuaria y la huella de la historia de las haciendas coloniales refleja profundas desigualdades sociales. A su vez esto ha propiciado fuertes movimientos comunitarios y la resistencia civil de sus habitantes contra toda forma de injusticia y autoritarismo.

Para las Farc el Cauca es un corredor vital hacia el Pacífico y un prometedor laboratorio de guerra. Las tácticas contrairsungentes, exitosas en otras partes del país, fracasan en sus escarpadas montañas. Su quebrada topografía dificulta el accionar del Ejército con sus helicópteros y aviones de combate. El principal escollo del Ejército ha sido que no ha podido ganarse el apoyo de la población civil, especialmente de los indígenas. Años de violencia, discriminación, paramilitarismo y exclusión social han erosionado la legitimidad del Estado ante unas agrupaciones humanas cansadas de una guerra estéril y prolongada que no es vista como un remedio para salir a un nuevo orden social sino como una enfermedad crónica que solo produce dolor y muertes injustificadas.

Las Farc tampoco cuentan con ese apoyo. Una cosa son los discursos y manifiestos de sus comandantes y otras las crueles actuaciones de sus jefes de frente y de sus milicianos contra la población amerindia.
En una carta de las autoridades indígenas del Cauca al comandante Timochenko le dicen con firmeza “No estamos en orillas diferentes de un mismo río. En realidad estamos en dos ríos distintos; puede que ambos desemboquen en el mismo mar, pero pensamos que el de ustedes difícilmente llegará al de un país más justo”.

El gobierno se halla hoy en una encrucijada. Por un lado no ha podido garantizar la seguridad de la población civil ni de sus propias tropas aumentando la presencia militar en el Cauca mientras las comunidades nativas exigen impacientes el retiro de todos los actores armados incluido eld el as tropas oficiales, por el otro, si se retira de los resguardos esto podría ser interpretado por algunos sectores como una claudicación ante las Farc.Ha optado pro no retirarse y esto aumentarà las fricciones con las autoridades indigenas.  La exigencia de los nativos no es totalmente arbitraria, como lo señalan algunos medios de comunicación colombianos que satanizan a los nativos, el articulo 30  de la Declaración Universal sobre Pueblos Indígenas de Naciones Unidas  dice que  "No se desarrollarán actividades militares en las tierras o territorios de los pueblos indígenas, a menos que lo justifique una razón de interés público pertinente o que se haya acordado libremente con los pueblos indígenas interesados, o que éstos lo hayan solicitado"

Como le han dicho los indígenas a la guerrilla “estamos en desacuerdo con la necesidad y utilidad actuales de la guerra. Eso no cambia el hecho de que entendemos las causas del conflicto y las razones para su persistencia; pero es claro que hacer la guerra no es un mero resultado de las condiciones socio-económicas, sino que es el resultado de una decisión política”.

Es hora de acciones imaginativas quizás en unos simples bastones cargados de historias y de símbolos podría estar la salida a este inútil y sangriento conflicto.

Por Weilder Guerra C.
wilderguerra@gmail.com




domingo, 1 de julio de 2012

Varios arquepologos y un río

Weildler Guerra Curvelo 

Los diversos foros y eventos relacionados con el posible desvío del Rio Ranchería nos hacen evocar las figuras de los académicos cuyas vidas y tareas investigativas estuvieron en algún momento asociadas a esa corriente fluvial. El área del río Ranchería es considerada de suma importancia en el desarrollo de la arqueología colombiana. Escritores, geólogos, arqueólogos, geográfos y etnólogos colombianos y extranjeros han recorrido el curso de este rio camino que desde los tiempos prehispánicos fue una de las rutas de entrada al interior del continente.

El escritor Jorge Isaacs, escribió en 1884 un libro llamado Las Tribus indígenas del Magdalena en el que realiza descripciones de objetos indígenas antiguos y de petroglifos encontrados en la Sierra Nevada. Isaacs no solo conoció este rio en su desembocadura sino que lo remontó hasta su parte alta en donde recogió antiguos relatos de los pueblos serranos. El autor de la María nos narra su encuentro con Sheukaká, sacerdote indígena de Marocaso en agosto de 1882. “Me sorprendió mucho verle el ropaje de los guajiros, extraño en la Sierra; e interrogándole sobre el particular, me dijo que aquel traje habían llevado siempre, en tiempos anteriores, los varones de su tribu”

Los primeros estudios arqueológicos en áreas adyacentes al río fueron efectuados por el Conde francés Joseph de Brettes en 1894 y 1898. Sus trabajos comprendieron labores de recolección superficial de vestigios materiales y excavaciones realizadas, principalmente, en el área denominada Calancala situada en una de las bocas que forman el delta de dicho río en la ciudad de Riohacha. De Brettes contrajo matrimonio con una mujer indígena habitante del delta conocida como “La Brugés” lo cual reafirma la creencia de los habitantes ribereños de que este rio tiene cualidades casamenteras pues es un espacio propicio para el amor y el juego.

Los antropólogos Gerardo y Alicia Reichel-Dolmatoff desarrollaron en 1951 trabajos de investigación arqueológica en el valle medio del río Ranchería, principalmente en el municipio de Barrancas. En 1946 Reichel y su esposa habían llegado a Santa Marta para fundar el Instituto Etnológico del Magdalena, filial del Instituto Etnológico Nacional que funcionaba en la capital del país. A lo largo del Ranchería encontraron numerosos sitios que forman parte de una secuencia de complejos agrícolas sedentarios, caracterizados por la presencia de cerámica pintada. En esos días la Sierra Nevada no gozaba de la aureola mística que hoy tiene entre los investigadores nacionales y extranjeros, aureola que, para ser justos, el propio Reichel contribuyó a crear. Las “ciudades perdidas” eran accesibles a quienes recorrían el territorio indígena, había pocos turistas y Macondo era, según el propio Reichel, “simplemente el nombre de un árbol”.

Otros investigadores más recientes asociados al rio son Gerardo Ardila, Alvaro Botiva, Carl Langebaek e Inés Cavelier. Todos ellos han contribuido, junto con las distintas agrupaciones humanas ribereñas, a construir la memoria y la cuenca del rio no como una mera delimitación natural sino como una construcción histórica y social. Al ver pasar las aguas de este rio vemos también como fluyen fragmentos de la historia de la arqueología en Colombia. Fluye también un poema de Borges: “Somos el agua, no el diamante duro,/ la que se pierde, no la que reposa./ Somos el río y somos aquel griego /que se mira en el río. /Somos el vano río prefijado, rumbo a su mar”.

wilderguerra@gmail.com

Fotografia del Conde Joseph De Brettes, Riohacha 1890

martes, 19 de junio de 2012

Artesanos de Colombia


Artesanos de Colombia

Weildler Guerra Curvelo

¿Valora Colombia a sus artesanos? En los últimos años gran parte de la percepción positiva de Colombia en el exterior proviene de la alta acogida de sus productos artesanales en    escenarios diversos que van desde las ferias de turismo hasta las más prestigiosas pasarelas en donde muestran sus creaciones reconocidos  diseñadores  nacionales y extranjeros. Pero ¿quien se acuerda de nuestros artesanos? Puesta hábilmente la aplicación o la leve modificación estética que lleva la firma de la reputada diseñadora sobre el producto artesanal  su valor se multiplica de manera geométrica. Mientras ello ocurre se borra el rostro y la creación de la modesta artesana que cotidianamente elabora la preciada mochila vendida a un precio irrisorio en el insensible mercado de los intermediarios.

La idea de que el trabajo artesanal se basa en una mera repetición mecánica de movimientos corporales pasivamente aprendidos esta muy lejos de la realidad. El pensador norteamericano Richard Sennet sostiene en su obra El artesano (2008) que el término «Artesanía> designa un impulso humano duradero y básico, el deseo de realizar bien una tarea. Ello abarca una franja mucho más amplia que la correspondiente al trabajo manual especializado. Todo buen artesano mantiene un diálogo entre unas prácticas concretas y el pensamiento; este diálogo evoluciona hasta convertirse en hábito. Para Sennet el saber artesanal aporta argumentos que acreditan la fe del pragmatismo en la democracia. Estas razones se fundamentan en el hecho de que las capacidades a las que recurren los seres humanos para desarrollar habilidades no están restringidas a una élite, sino ampliamente distribuidas entre los seres humanos.

Este año los colombianos tendrán en sus manos dos obras que hacen un homenaje a nuestros artesanos. La primera de ellas llamada Lenguaje Creativo de Etnias Indígenas de Colombia de Cecilia Duque fue recientemente publicada. El libro presenta cerca de 500 hermosas fotografías donde se plasman la creatividad de 15 etnias colombianas. La obra sugiere que el complejo conjunto de diseños y grafismos indígenas parece constituirse en una propuesta de ordenación del universo realizada mediante pigmentos, arena, agujas y tintes que son los vehículos que hacen posible la visualización de las representaciones encerradas en la memoria de los miembros de una agrupación humana.

La segunda de estas obras es una reedición del exquisito empaque texto del artista e investigador cordobés  Cristo Hoyos llamado Tambucos, ceretas y cafongos. Este precioso libro trata de los objetos, utensilios, envoltorios y empaques creados por las gentes sencillas del Bolívar Grande. La obra evidencia como esos artefactos son portadores de una memoria inscrita en sus materiales, diseños y colores reflejando según el autor una estética con variadas raíces “síntesis de la más diversa y compleja condición humana”.  El autor  nos muestra que detrás de los elaborados artefactos y  las apetitosas viandas recogidas en las imágenes y en el texto hay auténticos artistas de todos la épocas, hombres y mujeres del campo: tejedores, moldeadores, cocineras, talladores: seres sencillos llenos de destreza corporal, talento y creatividad.     

Mientras termino esta columna miro por mi ventana a las artesanas wayuu que con sus coloridas  mochilas adornan la avenida 14 de mayo de Riohacha. Al fondo el primigenio mar Caribe que el Rio Ranchería tiñe de un color ocre ancestral. Luego, surge la pregunta ¿cual es el sentido de estos hermosos objetos? La respuesta nos la aporta la pensadora judía Hanna Arendt: estabilizar el mundo, pues el trabajo y su producto artificial hecho por el hombre, concede una medida de permanencia y durabilidad a la futilidad de la vida mortal y al efímero carácter del tiempo humano.


 






domingo, 3 de junio de 2012

Las comunidades indigenas y el maltrato infantil


Weildler Guerra Curvelo



Algunos  medios de comunicación del país parecen haber descubierto un prometedor filón de noticias morbosas estableciendo una asociación elemental entre abuso infantil y pertenencia étnica.  Dentro de este singular estado de exacerbación mediática el abuso sexual infantil parecería constituir una especie de enfermedad contagiosa que se incuba de manera impune y natural en las minorías y que podría transmitirse hacia las mayorías nacionales si no se toman drásticas medidas para evitarlo.

El tema del abuso infantil merece abordarse desde una perspectiva interdisciplinaria reflexiva e integral pues hay muchas falacias preconcebidas y los hechos observados por organizaciones como Save the Children en distintas sociedades van en otra dirección. El abuso sexual de menores cae dentro del campo más amplio del maltrato infantil que a su vez viene determinado por la interacción de múltiples factores. No hay evidencias estadísticas de que hoy en día haya más abusos sexuales infantiles que en el pasado pero es notorio que los medios de detección de estos a nivel profesional e institucional han aumentado, la sociedad es ahora menos tolerante con los abusos y trata el tema de manera más abierta.

Las relaciones incestuosas no solo ocurren en familias desestructuradas con un bajo nivel educativo sino que se dan en todos los estratos sociales. Se estima que al menos un veinte por ciento de las personas han sufrido abusos sexuales en su infancia aunque sólo se conoce  entre el 10 y el 20 por ciento de los casos reales. A esto se le llama el vértice de la pirámide del maltrato. Usualmente el agresor es una personas cercana y conocida por el niño tales como miembros de su familia, vecinos o amigos de los padres.

¿Existen abusos sexuales en el seno de comunidades indígenas como la wayuu? Si existen, al igual que entre la población no indígena. Es falso que “la cultura impide su castigo”. Los indígenas comparten con otras agrupaciones humanas la consideración de que el abuso sexual contra niños o contra adultos es psicológicamente dañino, socialmente censurable y legalmente perseguible. Se suelen cobrar severas compensaciones por esta conducta que, cuando incluye acceso carnal violento (ataüjaana), es aun más grave pues comprende tanto una afrenta moral como una agresión física. Es necesario investigar si factores como la gradual desaparición del rito del encierro que permitía formar a las niñas indígenas en mujeres han aumentado su desprotección.         

Antes que concentrar nuestras energías en prejuicios banales debemos exigir de entidades como el ICBF acciones efectivas de prevención y entendimiento del fenómeno en todos los grupos sociales partiendo de la investigación social. Requerimos  estadísticas confiables que nos permitan trabajar sobre los factores de riesgo como el uso de alcohol y drogas, el desempleo, la pobreza o la legitimación social del castigo físico en el núcleo familiar. Igualmente es necesario fortalecer los factores de protección entre ellos: promover la valoración de los derechos del niño como persona, disponer de una red de apoyo psicosocial, robustecer tanto la seguridad económica como la armonía y apoyo de la pareja en la crianza.

Lamentablemente el abuso sexual infantil como el homicidio se da en casi todas las agrupaciones humanas.  Si empleamos siempre la retícula étnica para observar los actos que consideramos censurables y exclusivos de los otros obtendremos certezas despiadadas sobre ellos y les percibiremos como colectividades pérfidas dotadas de una identidad anómala-.   Estigmatizarlas es situarlas por fuera del círculo de la humanidad y condenarlas a la muerte social.     

 wilderguerra @gmail.com

martes, 22 de mayo de 2012

Rojas Birry, nacionalismo banal e identidades predatorias

Weildler Guerra Curvelo
Lo ocurrido en los últimos días con el ex personero de Bogotá, Francisco Rojas Birry,     comenzó como un vergonzoso sainete pero puede ser una valiosa lección acerca de como funcionan en la teoría y en la practica los modelos multiculturalistas de estado y de ciudadanía.
Un juez penal condenó a dicho personaje a 8 años de cárcel por haber recibido $200 millones de David Murcia, cerebro de una captadora ilegal. Rojas Birry, alegando su origen étnico, se refugió en su casa en Bogotá, donde la guardia indígena impidió su captura con el argumento de que su caso correspondía a la justicia especial indígena y no a la justicia ordinaria. El drama concluyó cuando Rojas Birry fue puesto tras las rejas en una penitenciaria común una vez que el Consejo Superior de la Judicatura consideró que su caso era competencia de la justicia ordinaria dado que el delito por el que fue juzgado ocurrió por fuera de su territorio ancestral y mientras desempeñaba un cargo público en la capital del país.
Este suceso afectó la credibilidad de algunas organizaciones indígenas que apoyaron la posición acomodaticia de Rojas y generó la indignación de numerosos ciudadanos. Pronto la ira contra el exconstituyente se hizo injustamente extensiva a los miembros de los pueblos indígenas y se pusieron bajo examen los derechos colectivos de estos consagrados en la Carta. Basta leer lo que se escribe en esos albañales de la opinión de los diarios en donde se supone que los lectores pueden comentar  las columnas y las noticias. Uno de esos insensatos escribió: “Estas etnias indígenas deben desaparecer. No aportan nada al mundo actual: viven de subvenciones de los gobiernos, entorpecen el desarrollo, y lo peor es que se siguen reproduciendo, aumentando el número de ejemplares parásitos”.  .
Este es el caldo de cultivo en donde se incuban nociones de nacionalismo banal y se acrecientan las identidades predatorias. El antropólogo Arjun Appadurai considera en El rechazo de las minorías (2007) que las identidades predatorias son aquellas que se fundamentan en las reivindicaciones de una mayoría demográfica que se considera amenazada y trata de apropiarse de manera exclusiva y exhaustiva de la identidad de la nación. Ellas combinan la sensación de mayoría numérica con la fantasía de pureza y totalidad, por tanto, requieren la extinción de otras colectividades humanas para garantizar su supervivencia.                                  
La idea de un estado colombiano culturalmente homogéneo ha estimulado en el pasado las políticas de asimilación o eliminación de agrupaciones humanas cuya organización política, lengua y sistema normativos son diferentes a las del grupo nacional dominante. Quienes no se sometieron a este proyecto de estado monocultural fueron objeto de discriminaciones de carácter económico y de represalias de diversos tipos que incluyeron el despojo de vastas áreas de sus territorios. La adopción del actual marco normativo que ampara los derechos de los pueblos amerindios y comunidades afrodescendientes se dio cuando diversos estados latinoamericanos viraron hacia un constitucionalismo multicultural que buscaba aumentar la participación democrática de los grupos sociales históricamente excluidos, reducir el riesgo de gobiernos dictatoriales y otorgar legitimidad a los estados.
No debemos confundir unidad con uniformidad. No somos un sancocho en el cual deben diluirse y fundirse las diversas culturas del país pero quizás debemos aproximarnos a la idea de una ensalada cuyos componentes conforman de manera armónica y complementaria el mismo plato preservando cada uno su color, sus nutrientes y su sabor particular.
wilderguerra@gmail.com
   
 


domingo, 6 de mayo de 2012

El Caribe: nuestro mar cimarrón

Weildler Guerra Curvelo

En uno de sus más conocidos poemas al preguntarse por la naturaleza del mar Borges escribió “quien lo mira lo ve por vez primera/ siempre, con el asombro que las cosas/ elementales dejan, las hermosas tardes, la luna, el fuego de una hoguera” . Poco nos hemos preguntado por la condición y esencia del mar. Quizás necesitemos emprender una arqueología de las formas simbólicas de apropiación de la vida marina en las distintas agrupaciones humanas y buscar entender como las culturas del pasado y las contemporáneas han  elaborado su relación con el mar. ¿Como construir un sentimiento colectivo alrededor de la idea de Gran Caribe si no indagamos sobre la esencia de un mar “que une y separa” para volver a otro verso del mismo Borges.?

En el mundo de los antiguos griegos, afirma Serge Collet en su ensayo Appropiation of marine resource (2001), el mar era por excelencia un espacio salvaje. La porción valorada de la naturaleza era el espacio agrícola y pastoril en cuya defensa los guerreros estaban dispuestos a morir. Consideraba Homero en la Odisea que morir devorado por peces o por los monstruos del mar era el más trágico de los destinos humanos. Los peces eran considerados el menos humano de los alimentos propio de las gaviotas y otras aves marinas. Sin embargo, otras culturas del mundo antiguo otorgaron una alta valoración a esos seres. En la Mesopotamia y en Egipto de la edad de bronce fueron sacralizados, deificados y momificados. El símbolo del pez podía significar la sabiduría y el conocimiento otorgado a los humanos y también la paz y la justicia.
Respecto de nuestro mar común los arqueólogos e historiadores se preguntan ¿cómo los Pueblos Arawak apropiaron el inmenso espacio geográfico del arco del Caribe? ¿Qué tipo de embarcaciones y técnicas de navegación emplearon? Los etnógrafos saben que algunos pueblos del mar utilizan constelaciones de estrellas como compases siderales y elaboran sofisticadas taxonomías y mapas cognitivos ¿fue el caso de los indios Caquetíos que poblaron la península de Paraguaná y las Islas de los Gigantes?

Los pescadores wayuu contemporáneos llaman al Caribe en su lengua simaluna palaa o mar cimarrón. Tienen la noción de un mar antiguo, insuficientemente conocido y no domesticado en el que los seres humanos no tienen el control total de su entorno pues esta habitado por seres dotados de autonomía y sometido a muchos fenómenos humanos y no humanos: el trabajo físico, los relatos, la imaginación, la memoria, las mareas, las plantas y la acción de otros animales. Lo cimarrón no solo hace alusión a lo domesticado sino a aquel ser que habiéndolo sido se escapa al bosque y se vuelve montaraz para recuperar su primigenia libertad.

La antropóloga Ieteke Witteveen, exdirectora del Museo de Antropología y Arqueología de Curazao, considera que nociones indígenas como la de mar cimarrón, a la vez milenaria y novedosa, enriquecen nuestros conocimientos y aportan herramientas conceptuales para comprender este heterogéneo universo geográfico y cultural que nos es común, tan común como la idea de cimarronaje. La existencia de un Caribe desértico, recóndito, amerindio y sin grandes plantaciones puede ser la fuente de invaluables y refrescantes enfoques.

Ello nos recuerda que el Caribe se halla en permanente reelaboración a través de fenómenos físicos como las mareas y de procesos sociales antropogéneticos derivados de los movimientos de comerciantes que intercambian artefactos y de los investigadores que circulan ideas. Es por ello un mar en el que los caribeños insulares y continentales debemos buscar tanto las huellas del pasado como las señales del futuro

wilderguerra@gmail.com

 

domingo, 22 de abril de 2012

Cien años de soledad de vuelta al wayuunaiki

Weildler Guerra Curvelo 

La grata y reciente noticia de que la emblemática novela Cien años de Soledad será traducida al wayuunaiki ha suscitado un inmenso interés en los círculos académicos y comunitarios dados los retos que plantea adoptar un estrategia de traducción de una obra literaria moderna a una lengua amerindia.

Esta tarea ya ha tenido, sin embargo, precedentes en otras parte de América. En Perú y Bolivia se tradujo hace más de una década desde el francés al quechua El principito, la famosa obra de Antoine de Saint-Exupéry. Llena de ilustraciones que motivaron su lectura y dada su brevedad esta obra buscó atraer el interés del lectorado hablante del quechua que ha crecido significativamente debido tanto a la migración a las ciudades como a los procesos educativos que se dan en el seno de estas agrupaciones humanas.   
Una de las dificultades  que suelen enfrentar los traductores es la de las diferencias entre las variantes dialectales propias de las diversas zonas geográficas en las que se asienta una comunidad lingüística. Estas diferencias si bien no llegan a impedir la intercomprensión pueden ser lo suficientemente significativas como para que, al traducir, constantemente se tenga que elegir entre formas que no son comunes para todo un territorio. Otro inconveniente es el de que en ciertos casos los significados y conceptos del idioma de partida no suelen coincidir con los del idioma de llegada. ¿Cómo traducir al wayuunaiki la palabra “camaján” por ejemplo? Un tercer riesgo señalado por el investigador Cesar Itier en su ensayo Estrategias de traducción de una lengua amerindia (1997) podría estar en el abuso de los neologismos y préstamos de la lengua de partida que puede no agradar  al lectorado bilingüe.

A diferencia de lo que ocurrió con el proceso de traducción de El principito al quechua los lectores wayuu no encontrarán en Cien años de Soledad un universo cultural radicalmente extraño. El propio Gabo en su autobiografíaVivir para contarla   afirmó que la lengua guajira, iba filtrándose gota a gota en la de su hogar.  “La abuela se servía de ella para despistarme sin saber que yo la entendía mejor por mis tratos con la servidumbre.” La influencia de los antepasados indígenas del escritor es notoria en su obra y es una de las diversas  y menos exploradas claves para su comprensión. Por ello Juan Moreno en su libro La cepa de las palabras (2002) proponer pasar de una hermenéutica monotópica, basada solo en la mirada occidental, a una hermenéutica pluritópica que nos permita hacer inteligible lo que existe del conjunto mítico wayuu y de su universo social en su obra literaria como la dimensión onírica de la vida, el grupo familiar ginocéntrico y la territorialidad de la muerte.

La obra se conocería en wayuunaiki como Poloo jikii juya jünain amuiwawaa. Es necesario reconocer la encomiable labor de los gestores culturales, lingüistas, antropólogos, escritores y etnoeducadores de Colombia y Venezuela que harán posible la traducción: Felix Carrillo, Justo Pérez, Margarita Pimienta, Nemesio Montiel, Luis Beltrán, José Ángel Fernández, Guillermo Ojeda y José Álvarez entre otros. Ellos no solo han contribuido a una tarea urgente en favor del wayuunaiki y de la gestación de futuras novelas en esta lengua amerindia, pues la traducción ha precedido en muchos casos a la creación, sino que harán realidad lo que parte del pueblo wayuu piensa de García Márquez y es que por la dimensión estética de su obra, similar a la retorica de los pájaros mitológicos, él es nuestro palabrero mayor.

wilderguerra@gmail.com